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Si vienes de Facebook, seguramente te quedaste con la intriga de saber qué pasó realmente con la reclusa. Prepárate, porque la verdad es mucho más impactante de lo que imaginas.

El furgón policial avanzaba pesadamente por la ruta. En la parte trasera, una mujer con uniforme naranja de prisión observaba atentamente su entorno.

«Oficial, hace rato nos están siguiendo tres carros negros,» advirtió con voz firme. «Los vi también a media cuadra».

El guardia, recostado y confiado, le restó importancia. «Por esta ruta hay mucho tráfico, no te preocupes,» respondió.

Ella se acercó a la rejilla, con una mirada intensa y desesperada. «Ya no nos están siguiendo la ruta, nos están siguiendo a nosotros. Créeme».

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La tensión en el rostro de la mujer finalmente hizo reaccionar al oficial. Abandonó su postura relajada y tomó rápidamente su radio transmisor.

«Cambien la ruta ya mismo,» ordenó por el comunicador. «Tenemos tres vehículos negros que nos están siguiendo».

La reclusa, cambiando su expresión de pánico a una fría asertividad, intervino. «Pero si desaparecen ahora, ya no sabremos quién dio la orden de sacarme».

El oficial la miró con evidente confusión y preocupación. «¿Lograste ver a alguien adentro?» preguntó, intentando procesar la situación.

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La mujer miró hacia la luz de la ventana. Una leve e irónica sonrisa de control absoluto apareció en su rostro.

«Sí,» respondió con una calma escalofriante.

Dirigió su mirada penetrante, revelando que ella era quien orquestaba todo. «Piensan que me están llevando a una trampa, pero realmente no saben con quién se metieron».

El verdadero peligro nunca estuvo en los autos que los seguían; siempre estuvo sentado en la parte trasera del furgón.

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